
Dicen que estas son las mejores islas paradisiacas: están en Portugal y son nuestro destino favorito para Semana Santa
Volcanes, aguas termales y hoteles de lujo en mitad del Atlántico. Las Azores combinan aventura y comodidad con estilo propio. Spoiler: querrás volver.
Si alguien dijera que las Azores son como una mezcla entre Islandia, Hawái y las playas de Galicia, probablemente tendría razón… pero también estaría simplificando. Este archipiélago portugués en mitad del Atlántico tiene identidad propia, y cada una de sus nueve islas ofrece un catálogo distinto de paisajes, experiencias y placeres alejados del turismo masivo.
Aquí se viene a caminar por cráteres, darse baños en aguas termales naturales, comer bien (y mucho) y alojarte en sitios donde todo está pensado para que disfrutes sin sentirte en un resort clonado. Portugal es lo que tiene: mucha personalidad y destinos preciosos.
São Miguel: la puerta de entrada al archipiélago
La isla más grande y mejor conectada es también la más completa. En São Miguel puedes empezar el día flotando en las termas de Poça da Dona Beija, en Furnas, seguir con una caminata por el sendero que rodea la laguna de Sete Cidades, y acabar comiendo un cozido cocinado directamente en el calor del suelo volcánico.
El paisaje es de ciencia ficción. La laguna de Fogo, metida dentro de un cráter inmenso, es una de esas vistas que se te quedan tatuadas en la retina. Y si te va más lo activo, hay rutas de senderismo, kayaks, paseos en bici o salidas en barco para ver delfines y ballenas en su hábitat.
Y, pese a ese look de planeta alienígena, no se renuncia al confort. En São Miguel, la isla más grande, se pueden encontrar alojamientos como el White Exclusive Suites & Villas, donde todo está pensado para que te sientas como el único huésped del archipiélago. Piscinas infinitas con vistas al océano, menús diseñados con productos locales (hay piña y té made in Azores), y un servicio que sabe desaparecer a tiempo.

Otro rincón destacable es el Octant Furnas, también en São Miguel. Rodeado de fumarolas y aguas termales, este hotel boutique hace que el concepto de wellness tenga aún más sentido: puedes empezar el día con yoga frente a un bosque humeante y terminarlo con un baño bajo las estrellas.

Pico y Faial: volcanes, vino y travesías
A 45 minutos en avión desde São Miguel, la isla de Pico impresiona con su volcán homónimo, el más alto de Portugal. Subirlo no es un paseo, pero la recompensa es un panorama brutal. Si prefieres algo menos exigente, puedes recorrer los viñedos Patrimonio de la Humanidad, plantados entre muros de lava. Aquí se produce un vino blanco con carácter, que puedes degustar en bodegas como Adega A Buraca o Cooperativa Vitivinícola da Ilha do Pico.
Desde Pico se llega fácilmente en ferry a Faial, donde te espera la mítica marina de Horta, parada obligada para navegantes transatlánticos. El bar Peter Café Sport es casi institución nacional, pero más allá de su fama, Faial ofrece el impresionante cráter de Caldeira y el paisaje casi lunar de Capelinhos, donde una erupción en 1957 amplió literalmente el territorio de la isla.
Para dormir con estilo en esta zona, el Azul Singular (en Faial) ofrece alojamientos tipo glamping con todas las comodidades. Un acierto si buscas algo diferente.

Flores, Corvo y la postal sin filtros
Las islas del oeste son más salvajes, más verdes y menos desarrolladas, pero eso no significa renunciar a experiencias top. En Flores, las rutas de senderismo son de las más espectaculares del archipiélago, con cascadas como Poço do Bacalhau o los lagos de Sete Lagoas.
Corvo, la más pequeña del archipiélago, tiene menos de 500 habitantes y una sola carretera, pero subir al mirador del cráter Caldeirão y ver el interior de un volcán extinto desde arriba es una experiencia que compensa.
Aquí, la oferta de alojamientos es más limitada, pero puedes encontrar pequeñas guesthouses bien llevadas, donde la hospitalidad local suple con creces la falta de amenities de cinco estrellas.

TURIUM TIPS
Situada en el sureste de Italia, Apulia es una de las regiones más desconocidas del país mediterráneo: una joya por descubrir que limita al norte con el mar Adriático y al oeste con los montes Apeninos.